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Francois van der Merwe ITGA's President
Bosques & Tabaco

Una vez que ha sido cosechado, el tabaco se cura ya sea al aire, al sol o con calor. El curado realza el sabor del tabaco y aumenta, mediante la reducción del contenido de humedad de la hoja, su preservación. De esta forma, el tabaco puede almacenarse por tiempos relativamente largos sin que se descomponga.

El curado requiere de una fuente de energía y, dependiendo del método que se emplee —aire (air-cured), sol (sun-cured), humo (fire-cured) o calor (flue-cured)—, dicha fuente puede ser natural (sol, aire) o artificial (humo, calor). En este último caso, debe emplearse un combustible para curar las hojas de tabaco. El tipo de tabaco más cultivado y que requiere de una fuente externa de energía para ser curado es el Virginia flue-cured.

Entre los combustibles que se emplean para curar los diversos tipos de tabaco que requieren de una fuente artificial de calor se incluyen el carbón, el petróleo, el gas y la leña. El más ampliamente usado es el carbón, si bien el petróleo, el gas y la leña son también populares fuentes de energía, particularmente en Europa, América del Norte, América Latina y África.

Por largos años, los productores de tabaco han sido criticados por emplear leña para curar el tabaco. Sin embargo, ya en 1986, incluso antes de que los programas de concienciación ambiental empezaran a tener algún impacto, el sector productor tabacalero representaba menos del 1% de toda la leña que se consumía en el mundo en desarrollo. Aseveraciones burdas y generalizadas de activistas antitabaco, que responsabilizaban a los productores del implacable avance de la deforestación, se fundamentaban, entre otras cosas, en la premisa de que todos los tipos de tabaco requieren de calor artificial para su curado y que el único combustible utilizado para ello era la leña. Actualmente, este error es ampliamente reconocido. De hecho, en muchos países son las organizaciones de productores de tabaco las que imponen las tendencias de uso responsable de los recursos naturales y, con frecuencia, amplían sus esfuerzos a otras áreas de protección medioambiental.


La elección de una fuente de energía, independientemente de su propósito, siempre depende de factores tales como la disponibilidad, el costo de su transporte, la conveniencia general, las exigencias laborales y la eficiencia. Por ello, la gente que vive en países en desarrollo en especial prefiere habitualmente la leña —para propósitos domésticos, agrícolas y otros—, en lugar de otros combustibles alternativos, puesto que ella es económica y de fácil disponibilidad. Si esas gentes continúan usando la leña como combustible, es por necesidad y no por elección.

En el presente, la mayoría de los países que usan leña fomentan activamente la conservación de los recursos existentes, especialmente porque el tabaco flue-cured se cultiva en países con un déficit o potencial déficit de ella. Particular atención reciben los proyectos de forestación y el mejoramiento de técnicas de curado y diseño y construcción de estufas.

La búsqueda permanente de usos más costo-eficaces y eficientes del petróleo y el gas, junto con el mejoramiento del diseño de estufas y hornos, han contribuido considerablemente a una dramática reducción en el combustible requerido para curar tabaco. Muchos países curan actualmente su tabaco a granel en estufas construidas de metal que garantizan una mejor aislación, un control atmosférico más preciso dentro de ellas, una reducción considerable en las necesidades de mano de obra y, lo que es aún más importante, un uso más eficiente de la energía. Los consiguientes ahorros en costos de combustible hacen de estas inversiones atractivas propuestas, por cuanto una estufa completamente modificada puede llegar a usar más un 50% menos de combustible que una no modificada.

Ya sea a través de medidas legislativas, contratos de producción que obligan al productor a plantar árboles o iniciativas voluntarias organizadas por intermedio de asociaciones de productores, hace mucho tiempo que la preservación de los recursos naturales de un país se ha tornado en una prioridad para el sector productor de tabaco. En aquellos lugares en que se emplea leña para curar tabaco, el énfasis recae en la sustentabilidad: las plantaciones de árboles permiten a los productores satisfacer sus necesidades de leña sin recurrir a recursos nativos y producen un retorno mucho más rápido que los bosques que se regeneran naturalmente.

La mayor conciencia ambiental y la activa promoción de las plantaciones forestales han tenido impactos positivos manifiestos, llegando en algunas zonas incluso a revertir los efectos de la deforestación. En las principales regiones productoras de tabaco Virginia del sur de Brasil, por ejemplo, la leña siempre ha sido el combustible más económico y viable para el proceso de curado. No obstante, los productores de tabaco de esa región brasileña se han destacado como los usuarios de leña más conscientes del país, contribuyendo directamente a duplicar la cubierta forestal natural del estado de Río Grande do Sul en tan sólo 20 años. Es imposible negar que Brasil sobresale como el mejor ejemplo existente del compromiso hacia el desarrollo sustentable de recursos forestales para leña.
Combustibles alternativos.

Mediante el fomento de la reforestación en lugar del agotamiento de bosques nativos, e importantes mejoras en las técnicas de curado y diseño y construcción de estufas, se ha cambiado la economía de la elección de combustibles. Los productores de tabaco han demostrado categóricamente su preocupación por el futuro: un futuro basado en la completa autosustentabilidad.

La batalla de ITGA por lograr una visión fidedigna de las actividades relacionadas con el cultivo de tabaco ha llevado a la Asociación a producir contrarrespuestas en la forma de diversos tipos de publicaciones, que van desde estudios hasta ponencias sobre temas de interés.

Las siguientes son dos publicaciones, difundidas anteriormente por ITGA, que exponen con mayor detalle los puntos abordados en este texto. 

Las publicaciones pueden bajarse en formato pdf.
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